Me incliné hacia adelante y abrí la puerta del pasajero. —Su carruaje. —Me dedicó una leve sonrisa al entrar—. Daniel envió a su amigo más sarcástico. —Su único amigo de confianza. —Eso es discutible. Por un instante, su voz sonó casi como la de él.
Salto de página
Luego se abrochó el cinturón de seguridad y miró por la ventana.
Casi. Entonces se abrochó el cinturón de seguridad y miró por la ventana. Arranqué el motor. La lluvia tamborileaba en el techo. La radio sonaba suavemente. Los limpiaparabrisas barrían la carretera. Karen no dijo nada. Después de unas cuadras, murmuró: “¿Puedes bajar el volumen de la música?”. “Claro”. El silencio en el coche se volvió casi insoportable. La miré. “¿Estás bien?”. Ella seguía mirando por la ventanilla del pasajero. “Estaré bien”. Apreté el volante con fuerza.
—Eso no es lo que pregunté. —Giró la cabeza y me observó durante