—Su hija no se quedaba dormida simplemente por agotamiento, señora Vance —dijo el doctor Aris con voz tensa. Me entregó un informe de laboratorio de varias páginas—. Su sangre está completamente saturada. Encontramos trazas extremadamente peligrosas de flunitrazepam —conocido comúnmente como Rohypnol— mezclado con un cóctel de tranquilizantes neurológicos sintéticos no autorizados. Alguien ha estado drogando sistemáticamente a su hija de siete años en grandes cantidades para inducirle un estado de coma profundo.
La habitación daba vueltas, los bordes de mi visión se oscurecían, pero el hielo en mis venas mantenía mi columna vertebral rígidamente recta.
—Las dosis son increíblemente precisas —continuó el doctor, con las manos ligeramente temblorosas—. No se trata de una niña que abre un botiquín. Esto fue calculado. La combinación de estos tranquilizantes sintéticos específicos… son altamente experimentales. Normalmente solo vemos estos marcadores químicos en ensayos clínicos ilícitos. Si esto hubiera continuado, su sistema nervioso central se habría colapsado permanentemente. Su corazón se habría detenido.