Capítulo 2: La cuarta fotografía

Cogí las llaves del coche porque ya lo había entendido, y porque entenderlo en voz baja, en su cocina, era imposible.

Dejé a la vecina sentada en el salón con instrucciones de que si mamá se despertaba me llamara antes de decirle nada, y conduje hasta Santa Rita con las fotografías ardiéndome en el bolsillo como arden las pruebas.

La directora no pareció sorprenderse de verme. Eso fue lo primero que me partió.

—Su madre nos dijo que probablemente vendría alguien de la familia antes del domingo —me dijo, acompañándome a un despachito con dos sillas y una ventana al jardín—. No nos dijo quién. Creo que ni ella lo sabía. Solo nos pidió que, si venía, no le mintiéramos. «En mi casa ya se ha mentido bastante por amor», dijo. Palabras suyas.

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