—Que mi nombre no aparece en ninguna nómina común. No trabajo para una empresa. No tengo jefe.
Respiré profundamente.
—Yo soy la jueza Elena Vance.
El silencio volvió a caer sobre la habitación.
Uno de los guardias bajó lentamente la mirada.
Mike asintió con respeto.
—La jueza que preside la División Familiar del condado —añadió—. Y una de las magistradas más jóvenes nombradas para ese cargo.
La señora Sterling palideció.
—Eso… eso es imposible.
—¿Por qué? —pregunté.
—Porque mi hijo me dijo que eras una mantenida.
—Mi esposo no conocía toda la verdad.
—¡Estás mintiendo!
—Entonces mire los documentos.
Mike señaló la carpeta que ella había arrojado sobre la mesa.
—¿Puedo revisarlos?
Asentí.
Uno de los guardias tomó los papeles con guantes y se los entregó.
Mike comenzó a leer.
Su expresión cambió lentamente.
—Esto no es una simple renuncia a la patria potestad.
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