Clara soltó una carcajada.
—Después de todo lo que pasó… ¿todavía me preguntas eso?
Él sonrió.
—Hay cosas que nunca cambian.
Ella lo abrazó.ninguna empresa y ningún seguro valían tanto como escuchar nuevamente la voz de su único hijo.
Y aquella tumba que casi lo enterró para siempre quedó vacía, como un recordatorio de que, a veces, la verdad llega justo antes de que sea demasiado tarde.