El banco, al enterarse de que una garantía podía ser falsa, congeló nuevas disposiciones de crédito y exigió información adicional.
En menos de dos semanas, Norte Creativo quedó sin liquidez.
Fue entonces cuando Graciela descubrió algo que la golpeó directamente.
Meses antes, su hijo le había pedido firmar una autorización para “reestructurar” un crédito sobre la casa de Zapopan. Ella había estampado su firma sin leer, convencida de que Diego era un genio de los negocios.
Ahora la propiedad estaba gravada.
—¡Me dijiste que era un trámite! —le gritó en la cocina.
—Mamá, necesitaba capital.
—¡Esa casa la pagó tu padre!
—Y si me hubieras dejado salvar la empresa, la recuperábamos.
—¿Salvarla con qué? ¿Con la secretaria que traías a dormir mientras tu esposa estaba aquí?
Graciela se quedó callada apenas terminó la frase.
Por primera vez tuvo que escuchar su propia hipocresía.