Mi madre ya estaba llorando.
“Tenía miedo. Tenía miedo de que si le decía la verdad, lo perdería. Luego pasó un año. Cinco años. Veinte años… Y después de eso, ya no sabía cómo decírselo.”
No sabía qué sentir.
¿Enojo?
¿Dolor?
¿Confusión?
Solo pude hacer una pregunta.