—¿Trabajo?
—Sí.
—Emily, acabas de tener una hija.
Ella sostuvo su mirada.
—Lo sé.
—No puedes simplemente volver a una carrera como si nada hubiera pasado.
Emily respondió tranquilamente.
—¿Por qué no?
Grant abrió la boca.
Después la cerró.
—Porque tenemos responsabilidades.
—Exactamente.
Él frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
—Que las responsabilidades son de los dos.
Grant se levantó.
—¿Quién cuidará de Ivy?
—Podemos organizarlo.
Emily lo miró durante varios segundos.
—También tendrás que organizarlo.
Grant se quedó inmóvil.
Aquella era la primera vez que Emily devolvía una responsabilidad sin disculparse.
—No quiero que vuelvas a trabajar todavía.
—No te estoy pidiendo permiso.
El silencio que siguió fue absoluto.
Grant palideció.
—¿Qué dijiste?
—Que no necesito permiso.
—Soy tu marido.
—Y yo soy tu esposa.
—Esta es mi casa.
Emily respiró lentamente.
—No exactamente.
Grant frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?