Un día después de recibir el préstamo, $210,000 fueron a la empresa que fabricó la cocina de Paola. Luego hubo pagos al contratista y a tiendas que entregaron aparatos en la misma dirección.
—¿Cómo benefició eso al hogar de Lucía y Mateo? —preguntó Daniel.
—No todo se gastó ahí —respondió Ricardo—. Parte la retiré en efectivo.
—¿Tiene comprobantes de gastos familiares?
—No.
Daniel fue directo:
—Entonces no puede exigir que su esposa pague una deuda sólo porque usted afirma que también fue para ella.
Fuera del juzgado, Ricardo intentó presionar a Mateo.
—Papá dijo que si tú te quedas con el departamento puede pedir que yo viva con él.
Lucía respiró hondo.
—¿Tú qué quieres?
—Vivir aquí. Pero seguir viéndolo.
—Entonces nadie debe obligarte a escoger.
Lucía llamó a Ricardo.
—No uses a Mateo para negociar bienes.
—Es mi hijo.