Sintió que veía a un desconocido que llevaba meses vaciando su casa sin hacer ruido.
Y todavía no sabía que el anillo era apenas la parte menos grave de todo.
PARTE 2
Esa tarde Lucía llamó a su amiga Karla, contadora desde hacía más de quince años.
Karla revisó las fotografías y la cuenta común.
—No hagas un escándalo todavía —dijo—. Guarda estados de cuenta, fechas y todo lo que tú puedas consultar legalmente. Y habla con un abogado.
—¿Abogado? Ni siquiera sé quién es esa mujer.
—Precisamente. La infidelidad te puede romper el corazón. Pero si está usando dinero familiar, eso puede romperte la vida.
Al día siguiente Lucía se reunió con Daniel Ortega, especialista en asuntos patrimoniales familiares.
Daniel fue claro: no hackear teléfonos, no adivinar contraseñas, no seguir a nadie. Sólo conservar documentación propia y usar canales legales.