DESPUÉS DE AQUELLA BOFETADA, RECHACÉ SUS 47 LLAMADAS Y VOLÉ DIRECTO A HEATHROW

En París habían compartido una suite.

En Tokio, Vanessa había usado una tarjeta corporativa de Adrian para comprar un bolso de casi nueve mil dólares.

Mientras yo estaba en casa con Sophie.

Recordé aquella semana.

Adrian me había llamado desde Tokio.

“Te extraño.”

Yo había sonreído como una idiota.

—Voy a vomitar.

Mi padre cerró la carpeta.

—No necesitas verlo todo hoy.

—Sí.

La abrí nuevamente.

—Necesito dejar de protegerme de la verdad.

Dos semanas después regresé oficialmente a Bennett & Rowe.

No como “la hija del fundador”.

Mi padre quiso ofrecerme un cargo ejecutivo.

Lo rechacé.

—Quiero ganar mi puesto.

—Ya lo habías ganado antes de irte.

—Entonces quiero demostrar que todavía puedo hacerlo.

Me asignaron un proyecto complicado: la adquisición de una empresa británica de tecnología médica que llevaba meses resistiéndose a nuestros competidores.

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