Meses después supe que Adrián, Teresa y Rodrigo terminaron viviendo juntos en un departamento pequeño. Sin mi casa como refugio, las discusiones por dinero empezaron casi de inmediato.
Después de semanas soportando a la familia de mi marido, mi suegra rompió la cerradura y exigió: “Tu cuñada embarazada se queda con este dormitorio”. Mi esposo la apoyó sin dudar. Yo respondí una sola frase, saqué su ropa al patio y mostré una grabación que llevaba días guardando. Nadie esperaba que el mayor engaño estuviera escondido bajo aquella blusa…