Mi madre soltó una risa seca.
—Qué práctico. Su hijo arma dos familias y la responsable de destruir el hogar sería mi hija.
Les dije que, al recibir el alta, me iría con mi madre.
Sebastián se puso rígido.
—No puedes llevarte a Mateo sin hablar conmigo.
—Ayer ni siquiera sabías a qué hora nació.
Teresa se acercó a la cuna.
—Mateo es un Rivas.
Mi madre se colocó frente a ella.
—Mateo es un bebé, no una sucursal de su empresa.
Esa tarde llamé a Daniela Cruz, abogada de familia. Le envié capturas, mensajes y los movimientos de nuestra cuenta conjunta.
Dos horas después me llamó.
—Mariana, hay algo que debes ver.
Durante seis meses, Sebastián había transferido dinero a una cuenta que yo no conocía: renta, consultas, medicamentos y gastos de maternidad. Varias transferencias tenían como beneficiaria a Fernanda.