—Nos vamos a las once.
—¿Adónde?
—Ya lo verás.
A esas alturas, estaba casi segura de que por fin iba a descubrir la verdad.
Fuimos al centro de la ciudad.
Cuando Robert estacionó frente a un banco, ni siquiera quise salir del coche.
—Robert, ¿qué está pasando?
Por primera vez, me miró con absoluta seriedad.
—Entra conmigo.