Los mismos ojos.
La misma nariz.
La misma sonrisa.
Solo tenía el cabello más oscuro.
—Esta es Sophia —susurró mi padre.
Yo ya estaba llorando.
—¿Ella sabe de mí?
—Sí. También ha estado buscándote.
—¿Dónde está ahora?
Mi padre miró su reloj.
Entonces dijo algo que me hizo levantarme de golpe.
—Abajo. En nuestro salón.
—¡¿QUÉ?!
—Ha llegado hoy. Le pedí que esperara unos minutos mientras te explicaba todo.
No esperé ni un segundo más.
Salí corriendo de la habitación y bajé las escaleras a toda prisa.
Mi madre estaba de pie junto a la entrada del salón.
Y frente a ella había una joven.
Mi madre no dejaba de mirarla a ella y después a mí.
La taza que sostenía se le cayó sobre la alfombra.
—Robert… —susurró cuando mi padre bajó las escaleras—. ¿Quién es esta chica?