Me reí.
—La gente está pensando cosas terribles.
Él también se rio.
—Lo sé. Pero al mediodía les contaré la verdad.
Cuando salí de su oficina, las mismas personas seguían mirándome.
Solo que esta vez ya no sentía vergüenza.
Karen ya no estaba allí.
Y, curiosamente, años después todavía conservo aquella foto del lago.
No porque aparezca junto a mi antiguo director.
Sino porque aquel fue el día en que perdí mi trabajo…
y a la mañana siguiente descubrí que, en realidad, nunca me había despedido.
Solo me había apartado el tiempo suficiente para descubrir de quién necesitaba proteger a la empresa.