El Hombre Sin Nada Que Podía Comprar Veinte Veces El Rancho De Mariana-lbsuong

Daniel obedeció.

—Tú no —añadió, mirando al jinete—. Necesito hablar con mi esposo a solas.

El hombre asintió y se retiró hacia el establo.

Cuando la puerta se cerró, Mariana se volvió hacia Daniel.

—Quiero la verdad. Toda la verdad. Y no vuelvas a decirme que eres un hombre sin dinero.

Daniel dejó la regla sobre la mesa.

—De acuerdo.

Pero antes de que pudiera empezar, Mariana le hizo una pregunta que ninguno de los dos esperaba.

—¿Te casaste conmigo porque necesitabas esconderte?

Daniel palideció.

Y esa reacción le dolió a Mariana mucho más que la noticia de su fortuna.

  1. El hombre que huyó de su propia vida

Daniel se sentó frente a ella.

Durante un momento pareció el mismo hombre que había llegado al rancho cuatro semanas antes: cansado, silencioso y acostumbrado a resolver los problemas con las manos.

Pero ahora Mariana veía algo distinto en él.

La seguridad de quien estaba acostumbrado a que los demás obedecieran sus decisiones.

—Mi padre fundó Olmos y Rivas con un pequeño aserradero —comenzó—. Cuando murió, mi tío Esteban y yo heredamos el negocio. Él se ocupó de las operaciones mientras yo me encargaba de ampliar las tierras y negociar los contratos.

—¿Y por qué estabas solo en aquel camino?

Daniel respiró hondo.

—Porque descubrí que alguien estaba vendiendo terrenos que no le pertenecían y desviando dinero de la empresa. Cuando intenté averiguar qué ocurría, encontré documentos que relacionaban a mi tío con esas operaciones.

—¿Tu propio tío?

—Sí.

Daniel se frotó la cicatriz de la mano.

—Lo enfrenté. Él me dijo que estaba confundido, que los documentos eran falsos y que yo necesitaba descansar. Al día siguiente, uno de mis empleados me advirtió que había hombres preguntando por mí. No sabía en quién podía confiar.

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