El millonario llegó furioso a cobrar tres meses de renta atrasada

En cambio, vio a una niña de unos siete años.

Tenía el cabello café despeinado, una playera vieja cubierta de hilitos de colores y unas ojeras que no correspondían a alguien de su edad.

—¿Está tu mamá?

La niña negó lentamente.

Alejandro miró hacia el interior y algo le llamó la atención.

Sobre una mesa había una máquina de coser antigua, retazos de tela, carretes y varias prendas a medio terminar.

—¿Tú estabas cosiendo?

La pequeña bajó la mirada.

—Sí.

Fue entonces cuando Alejandro vio sus dedos.

Tenía pequeñas marcas de aguja y un curita improvisado alrededor del índice.

Su enojo desapareció.

—¿Cómo te llamas?

—Lucía.

—¿Y tu mamá?

—Mariana.

La niña abrió un poco más la puerta.

El departamento estaba casi a oscuras. Había un colchón delgado en la sala, una olla vacía sobre la estufa y varias cajas de medicamentos junto a un vaso de agua.

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