Una mujer dormía en una banca, cubierta con una chamarra vieja. Su cabello negro le tapaba parte del rostro, y su cuerpo estaba encorvado como si hubiera pasado la noche peleando contra el frío.
Pero no fue ella lo que le heló la sangre.
Fueron los 3 bebés dormidos a su lado.
Estaban envueltos en cobijas distintas, una azul, una amarilla y una rosa muy gastada. Junto a la banca había una pañalera rota, 2 biberones vacíos y una bolsa de plástico con pañales baratos.
Santiago dio un paso.
Luego otro.
Y entonces la mujer movió un poco la cara.
El mundo se le cayó encima.
Era Mariana Ríos.
Su exnovia.
La mujer que había amado cuando todavía no era famoso, cuando vivía en un departamento rentado en la Narvarte y soñaba con levantar su primera empresa de tecnología.