El primer novio de una adolescente la hizo llorar al criticar el vello de sus brazos; pero su padre tuvo una reacción sorprendente: lo invitó a cenar.

El domingo, Tyler llegó con unas galletas y la cena comenzó de manera agradable. Hablaron de la escuela, del baloncesto y del trabajo de arte de Emma.

Entonces Daniel le preguntó a Emma si alguna vez había escuchado por qué yo odiaba que me tomaran fotos.

Le conté que, cuando era adolescente, había salido con un chico que criticaba mis dientes y me hizo sentir vergüenza de mi sonrisa. Durante años, me tapaba la boca cada vez que me reía, incluso después de haber terminado con él.

Daniel me tomó de la mano.

—Siempre pensé que tu sonrisa era lo mejor de ti —dijo.

Emma sonrió, pero Tyler se quedó callado.

Daniel simplemente comentó que la opinión de una persona podía acompañarnos durante mucho tiempo, incluso después de que esa persona dejara de ser importante en nuestras vidas. Luego, la conversación continuó con normalidad.

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