No habló de robo hasta que hubiera documentos suficientes.
No quería sustituir una injusticia por una acusación impulsiva.
Pero los registros terminaron confirmando irregularidades.
Había pagos inflados.
Comisiones no autorizadas.
Horas manipuladas.
Dinero que debía haber llegado al personal y nunca llegó completo.
Álvaro llamó a Mercedes al despacho.
Sobre la mesa colocó 3 carpetas.
—Siéntate.
Ella permaneció de pie.
—Puedo explicarlo.
—Eso espero.
Mercedes empezó asegurando que había tomado decisiones necesarias para mantener una casa de aquel tamaño.
Dijo que Álvaro exigía excelencia.
Que el personal era difícil.
Que los proveedores debían “compensar gestiones”.
Que ciertas horas se reorganizaban porque de otra manera los costes resultarían absurdos.
Álvaro la escuchó.
—¿Y las cantidades que faltan?
Mercedes endureció el rostro.
—Después de 18 años trabajando para su familia, ¿va a tratarme como a una delincuente por unas diferencias contables?