ESTÁS MUERTA CUANDO LLEGUEMOS A CASA!», GRITÓ SU NOVIO; EL JEFE DE LA MAFIA LO OYÓ TODO

PARTE 2
Camila leyó los documentos tres veces. CN Repostería. Una deuda de 1,480,000 pesos. Un seguro de vida por 5,000,000. Beneficiaria: Teresa Zúñiga, madre de Héctor. Tomó el teléfono nuevo y llamó a Rafael. —¿Usted dejó esta carpeta? —Sí. —¿Cómo consiguió esto? —Después de lo que escuché en el restaurante pedí revisar información relacionada con una operación comercial de Héctor vinculada con una empresa de mi grupo. Tu nombre apareció donde no debería. —Yo nunca abrí CN Repostería. —Entonces no firmes nada ni contactes a Héctor. Una abogada irá a verte.
Una hora después llegó la licenciada Elena Salcedo. Revisó los documentos y pidió a Camila varias firmas para compararlas. —Se parecen, pero eso no demuestra que sean tuyas. Necesitamos originales, fechas y registros. ¿Héctor tenía acceso a tus documentos? Camila recordó que él guardaba fotografías de su INE, pasaporte y datos fiscales. También recordó una noche, casi un año atrás, cuando le pidió contraseñas y una memoria USB para “poner en orden unos trámites”. —Sí. Tenía prácticamente todo.
Las primeras verificaciones confirmaron algo inquietante: CN Repostería había sido constituida once meses antes y el nombre de Camila aparecía vinculado a operaciones que ella aseguraba no conocer. Parte de la deuda provenía de equipos industriales de cocina. Algunos habían sido enviados a una bodega relacionada con un proyecto de Héctor. —¿Por qué usar una empresa de repostería? —preguntó Camila. Elena negó con la cabeza. —Todavía no lo sabemos. No quiero darte conclusiones antes de tener pruebas.
Camila abrió entonces el viejo cuaderno de su madre. Entre recetas encontró dibujos que había hecho años atrás: posibles logotipos, proveedores y un nombre escrito con tinta azul. “CN Repostería”. Se quedó inmóvil. —Dios mío. Elena miró la página. —¿Qué pasa? —CN significa Camila Navarro. Este era el nombre que yo quería para mi pastelería. —¿Héctor lo sabía? —Sí. Cuando empezamos a salir le enseñé este cuaderno. Decía que algún día me ayudaría a abrir el negocio. Camila sintió rabia. Héctor no solo había usado su identidad. Había tomado el nombre del sueño que después la obligó a abandonar.
El teléfono nuevo sonó. Número desconocido. Camila no contestó. Segundos después llegó un mensaje: “Soy Teresa. Tenemos que hablar antes de que Héctor haga una estupidez”. Luego otro: “Yo sé lo de CN Repostería”. Camila puso el teléfono frente a Elena. —Es la madre de Héctor. La beneficiaria del seguro. Elena leyó el mensaje. —No respondas sola. Si quiere hablar, lo hará conmigo presente.
Teresa llegó aquella tarde con lentes oscuros y una bolsa llena de papeles. Parecía no haber dormido. Camila puso la póliza sobre la mesa. —¿Por qué su nombre aparece aquí? Teresa respiró hondo. —Héctor me dijo que era una protección relacionada con un préstamo. Dijo que tú estabas de acuerdo. —¿Y nunca me preguntó? —No. —Entonces empiece desde el principio.
Teresa explicó que Héctor llevaba meses intentando entrar en un proyecto inmobiliario mucho mayor de lo que podía financiar. Según él, CN Repostería sería temporal y, cuando cerrara el negocio, pagaría las deudas y convertiría la empresa en una pastelería real para Camila. —Decía que sería una sorpresa para ti. Camila soltó una risa amarga. —Usó mi nombre sin preguntarme y pensaba llamarlo regalo. Teresa bajó la mirada.
—¿Por qué me cuenta esto ahora? —Porque anoche llegó a mi casa fuera de sí. Dijo que Rafael Garza te había puesto en su contra y que tú ibas a destruirlo. Después buscó documentos que guardaba conmigo. —¿Qué documentos? Teresa abrió la bolsa. —Los traje.
Había copias de contratos, comprobantes y una hoja escrita a mano por Héctor. Elena comenzó a registrar cada documento. Camila vio una lista de fechas con palabras como “firma”, “póliza”, “bodega” y “renovación”. La última línea decía: “Después de la boda: cambiar beneficiario y consolidar”.
—¿Qué boda? —preguntó Elena.
Teresa cerró los ojos.
—Héctor iba a pedirle matrimonio a Camila el próximo mes.
Camila sintió frío. —¿Cambiar qué beneficiario?
—No lo sé.
Elena encontró también un borrador relacionado con CN Repostería. No estaba firmado. Según explicó, parecía que Héctor pretendía reorganizar ciertas obligaciones y derechos después del matrimonio, pero necesitaría nuevas firmas y otros pasos para lograrlo.
—Entonces quería casarse conmigo para hacerme firmar más documentos.
—Eso parece una posibilidad que debemos investigar —respondió Elena—. No vamos a afirmar más de lo que los documentos permiten.
Teresa comenzó a llorar. —Hay otra cosa. Hace tres días escuché a Héctor hablando por teléfono. Dijo: “Si Camila descubre la deuda antes de la boda, activamos la otra salida”.
Camila miró inmediatamente la póliza de cinco millones.
—¿Qué significa “la otra salida”?
—No lo sé —respondió Teresa—. Pero después preguntó cuánto tardaba una aseguradora en pagar cuando una muerte parecía accidental.
Elena permaneció seria. —¿Está segura de haber escuchado exactamente eso?
—Sí.
Camila sintió que el miedo regresaba, pero esta vez no estaba sola ni atrapada en un departamento. Miró a Elena.
—¿Qué hacemos ahora?
—Documentamos todo y dejamos que las pruebas hablen.
En ese instante el teléfono de Teresa vibró sobre la mesa.
Era Héctor.
Había enviado una fotografía.
Teresa palideció al verla.
Camila se acercó.
La imagen mostraba una caja de seguridad abierta.
Dentro estaba el documento original de la póliza, varias copias de la identificación de Camila y un sobre con su nombre.
Debajo de la fotografía, Héctor había escrito una sola frase:
“Dile a Camila que todavía tiene una oportunidad de arreglar esto antes de que sea demasiado tarde”.PARTE 3
Nadie en la habitación habló durante varios segundos. Camila miró la póliza, después a Teresa. Elena fue la primera en reaccionar. —No vamos a interpretar esa frase como prueba de un plan de homicidio. Vamos a documentar exactamente lo que usted escuchó y entregarlo a las autoridades. Camila agradeció que lo dijera. Después de todo lo vivido, era fácil convertir el miedo en certeza. Ella necesitaba pruebas.
Las siguientes semanas revelaron suficiente sin necesidad de inventar nada. Los registros y documentos obtenidos por las vías legales mostraron que la identidad de Camila había sido utilizada en operaciones de CN Repostería que ella negaba haber autorizado. También aparecieron comunicaciones donde Héctor discutía cómo conseguir nuevas firmas después de casarse. La póliza de seguro quedó bajo revisión y las inconsistencias fueron notificadas. Las amenazas del restaurante, lo ocurrido en el departamento y los demás elementos fueron documentados dentro de los procesos correspondientes.
Héctor intentó contactar a Camila decenas de veces. Primero pidió perdón. Después culpó al alcohol. Luego dijo que CN Repostería había sido “una sorpresa” para ella. Finalmente escribió: “Todo lo hice para nuestro futuro”. Camila leyó aquella frase una sola vez antes de entregársela a Elena. Durante años, Héctor había llamado amor a cada cosa que le quitaba: su trabajo, sus amigos, su dinero y sus decisiones. Ahora pretendía llamar futuro a utilizar su nombre sin permiso.
Rafael mantuvo la distancia. Había pagado inicialmente el hotel y facilitado ayuda profesional, pero nunca intentó decidir por ella. Cuando Camila consiguió acceso a sus propias cuentas, devolvió los 60,000 pesos intactos. Rafael miró el sobre y sonrió. —Sabía que harías esto. —Entonces ¿por qué los dejó? —Porque una persona que está escapando no debería tener que elegir entre volver con quien la amenaza o dormir en la calle. Camila extendió el sobre. —Ya puedo pagar mi camino. —Entonces ahora sí son innecesarios. Lo aceptó sin discutir.
Los procesos contra Héctor no terminaron en una semana.

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