Entré en la sala de recién nacidos.
La enfermera puso a mi bebé en mis brazos.
Dormía, con su pequeña cara apoyada contra mi pecho.
Le besé la frente.
—Lo siento —susurré—. Mamá volvió.
Tres días después salí del hospital con mi hijo.
Brian no vino con nosotros.
Me mudé a casa de mis padres y un mes después solicité el divorcio.
El primer año fue difícil.
Hubo citas médicas, terapias, noches sin dormir y momentos en los que lloraba encerrada en el baño porque tenía miedo de no ser lo bastante fuerte.
Pero también hubo risas.
La primera sonrisa de mi hijo.
Su primera palabra.