Daniel – 300 euros.
Daniel – 400 euros.
Daniel – 250 euros.
Junto a cada anotación, Helga había registrado en qué había gastado el dinero.
Cortinas nuevas.
Comidas en restaurantes.
Ropa.
Un viaje de fin de semana.
Transferencias a Claudia.
Daniel siguió pasando las páginas.
Durante ocho meses, había dado a su madre más de 4.000 euros, supuestamente para medicamentos.
Casi nada de ese dinero se había destinado a gastos médicos.
Entonces descubrió algo aún peor.
Helga recibía 650 euros de alquiler cada mes por su antigua casa.
Desde hacía casi un año.
Le había dicho a Daniel que la propiedad estaba vacía.
Aquella noche, Daniel la enfrentó.
Mamá, ¿qué es este cuaderno?
Su rostro palideció.
¿Dónde lo encontraste?
¡Has estado cobrando un alquiler mientras nos decías que no podías pagar tus medicamentos!
¡Es mi propiedad! ¡Es mi dinero!
¿Y los miles de euros que te di?