Pero después comenzaron a aparecer otras señales.
Empezó a animarme a hablar públicamente de nuestra relación en mi blog.
Me decía:
“La gente tiene que ver que el amor no tiene edad.”
Sonaba bonito.
Muy bonito.
Pero poco a poco empecé a sentir que no le interesaba proteger nuestra relación de la atención pública.
Quería acceso a mi audiencia.
A mi nombre.
A mi reputación.
A la confianza de mis seguidores.
Hasta que un día vi por casualidad un mensaje que apareció en su teléfono.
Era de una mujer joven.
El mensaje decía:
“Ten paciencia. Falta muy poco. En cuanto todo esté firmado, nos iremos.”
Sentí que las manos se me helaban.
Al principio no dije nada.
Simplemente lo miré.
Él cerró rápidamente el teléfono, sonrió y fingió que no había pasado nada.
Y en ese momento lo entendí todo.