—Desde hace bastante tiempo —le aseguré con absoluta tranquilidad.
Teresa, mi suegra, soltó una risa burlona y sugirió que dejara los asuntos de negocios a las personas que verdaderamente contaban con estudios especializados. Busqué la mirada de Diego en busca de respaldo, pero él simplemente agachó la cabeza.
La demanda millonaria y el golpe definitivo
Apenas transcurrieron 48 horas cuando un actuario tocó a mi puerta para entregarme una notificación legal formal.
Gerardo me demandaba formalmente por supuestas intromisiones ilícitas en el patrimonio de la familia y por causar afectaciones a los intereses financieros de su corporativo. Exigía el desistimiento total de mis señalamientos y reclamaba el pago de una indemnización millonaria.
Sin embargo, el impacto más devastador no provino de la desorbitada cifra económica solicitada. Al examinar los anexos probatorios adjuntos a la demanda, descubrí con estupor una declaración formal rubricada por el propio Diego.