Dudé.
Pero terminé siguiéndolo.
La recepcionista parecía conocerlo.
Llegaste tarde hoy.
—Lo sé —respondió él—. Había alguien importante.
La mujer sonrió con tristeza.
—Ella estaría feliz.
Mi corazón empezó a latir más rápido.
¿Ella?
¿Quién era ella?
Esperé unos minutos antes de entrar.
Luego me acerqué al mostrador.
—Disculpe… estoy buscando a un hombre que acaba de entrar.
La recepcionista me observó.
Su expresión cambió de inmediato.
—¿Usted es Sofía?
Sentí un escalofrío.
—Sí.
La mujer se quedó inmóvil.
—No puede ser…
—¿Qué sucede?
Abrió lentamente un cajón.
Sacó una fotografía.
Y la colocó frente a mí.
Cuando la vi, el mundo pareció detenerse.
Era una foto mía.
Una fotografía que jamás me habían tomado.
Yo estaba sonriendo en un jardín lleno de flores.
Pero no era yo.
Era una mujer idéntica a mí.