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Abrí los ojos.
—¿Qué pasó? —susurré.
Nadie respondió.
Unos segundos después, se escuchó otro llanto en la sala de partos.
El octavo llanto.
No podía entender cómo era posible.
Todos habían contado siete.
Todos se habían preparado para siete bebés.
Una de las enfermeras miró al médico completamente sorprendida.
—Es el octavo…
Pero aquello no terminó ahí.
Entonces escuché el llanto que jamás olvidaré.
El más suave.
El más débil.
El más inesperado.
El noveno llanto.
En aquel instante sentí como si nadie en la sala de partos estuviera respirando.
Los médicos se quedaron inmóviles durante un segundo y después comenzaron a moverse nuevamente.
Más
rápido.
Con más seriedad.
Con más urgencia.
Escuché a alguien susurrar:
—Son nueve…
Nueve.
Había nueve bebés dentro de mí.
Nueve corazones.
Nueve respiraciones.
Nueve vidas, dos de las cuales nadie esperaba.
Pero la alegría de una madre no duró mucho.
Se llevaron a los bebés inmediatamente.
Tan rápido.
No tuve tiempo de sostener ni siquiera a uno de ellos.
No tuve tiempo de ver sus rostros.
No tuve tiempo de susurrar:
—Soy su mamá.
Solo podía escuchar las voces de los médicos.
—Revisen la respiración.
—A cuidados intensivos, rápido.
—Este es muy pequeño.
—Con cuidado.
Intenté levantarme, pero no tenía fuerzas.
—Por favor… díganme… ¿están vivos?
La enfermera se acercó a mí.
Tenía los ojos llenos de lágrimas.
No sonrió.
No pronunció las palabras que toda madre quiere escuchar.
Solo dijo:
—Están luchando.
Esas dos palabras se convirtieron en todo mi mundo.
Están luchando.
Durante los días siguientes, yo
no vivía.
Solo esperaba.
Cada paso en los pasillos del hospital significaba miedo.
Cada puerta que se abría podía traer buenas noticias o malas noticias.
Mis bebés estaban dentro de pequeñas incubadoras de cristal.
Sus cuerpos eran tan pequeños que tenía miedo de mirarlos durante demasiado tiempo.
Cables.
Máquinas.
Sonidos.
Las manos cuidadosas de los médicos.
Me había convertido en madre, pero no podía sostener a mis hijos en brazos.
Esa era la sensación más cruel.
Un día me permitieron acercarme a uno de ellos.
Al más pequeño.