No se trata de tener miedo al amor. Se trata de disfrutarlo sin perder lo que tanto costó construir.
1. Confundir la soledad con el amor
Una de las mayores trampas puede aparecer cuando una persona lleva mucho tiempo sintiéndose sola.
Después de un divorcio, una separación, la pérdida de una pareja o simplemente cuando los hijos comienzan a hacer su propia vida, es normal sentir la necesidad de compañía.
Entonces aparece alguien atento, cariñoso y dispuesto a escuchar.
La sensación puede ser tan agradable que es fácil pensar: “Finalmente encontré al amor de mi vida”.
Pero conviene darse tiempo.
A veces no estamos enamorados de la persona, sino de cómo nos hace sentir después de un periodo de soledad.
Una relación saludable no debería convertirse en la única fuente de compañía, felicidad y propósito.
2. Pensar que es la última oportunidad para amar