Los hijos que alguna vez fueron cuidados por sus padres pueden terminar acompañándolos, ayudándolos a desplazarse, organizando sus medicamentos o tomando decisiones relacionadas con su bienestar.
Pero también puede ocurrir algo menos esperado: dos personas mayores pueden necesitarse mutuamente.
Una puede necesitar ayuda física, mientras que la otra necesita compañía emocional.