La sala quedó completamente en silencio.
Mis padres estaban sentados cerca de la última fila. Habían aceptado la invitación de mala gana, aunque mi padre apenas me había dirigido la palabra desde su llegada.
Samuel sostenía la vieja carta en una mano.
—Hace muchos años, Clara fue juzgada por algo que jamás fue culpa suya —dijo—. La gente la llamó mentirosa y deshonrada, aunque solo era una niña que necesitaba protección.
Un murmullo recorrió la sala.
Samuel continuó:
—Los adultos que la rodeaban eligieron la reputación en lugar de la verdad. Eligieron el silencio en vez de protegerla. Y después, cuando la verdad se volvió imposible de ocultar, culparon a la niña en lugar de culpar a la persona que le hizo daño.
Mi madre bajó la cabeza.
Mi padre miró fijamente el suelo.
Samuel se volvió hacia mí.