Mauricio le había enviado decenas de mensajes a Valeria desde la boda. Ella jamás respondió uno.
Pero Renata no quiso escuchar explicaciones.
—¡No pudiste darle hijos y ahora tampoco soportas verlo feliz!
En un arrebato, tomó el vaso donde Valeria limpió sus pinceles y arrojó el agua sobre el manuscrito colonial.
El pigmento rojo comenzó a correrse ante sus ojos.