Me volví hacia Mauricio sin soltar la puerta.

—Tu padre me pidió que nunca te contara nada.

Aquella respuesta me dolió más que todo lo ocurrido esa tarde.

—¿Nunca?

Mi madre negó lentamente con la cabeza.

—No quería que cargaras con sus problemas.

Miré hacia el interior de la casa.

Le entregué el documento.

Mi madre comenzó a leer.

Su rostro cambió.

—No…

—¿Qué pasa?

Ella levantó los ojos.

—Esta empresa pertenecía a tu padre.

Volví a mirar el papel.

—¿Y por qué aparece Mauricio?

Mi madre no respondió.

Desde el pasillo escuchamos la voz de Patricia.

—¿Qué estaba haciendo? —pregunté.

Patricia respiró profundamente.

—Robando.

Mauricio negó inmediatamente con la cabeza.

—Mamá.

—Ya basta, Mauricio.

Su voz temblaba.

—Ya has hecho suficiente.

Él la miró con incredulidad.

—¿Vas a contarle todo?

Patricia cerró los ojos.

—Sí.

Sentí un escalofrío.

—Habla.

Patricia entró lentamente.

—Hace tres años, tu padre descubrió que Mauricio había estado desviando dinero de una de sus empresas.

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