Mi corazón empezó a latir con fuerza.
—¿Quién?
Mi abuela guardó silencio. Después sacó de debajo de segundos me quedé inmóvil, mirando aquellas palabras.
Conocía perfectamente la letra de mi padre. Desde que era pequeña, siempre me escribía tarjetas por mi cumpleaños.
No podía equivocarme.
—¿Quién es esta niña? —pregunté.
El hombre no respondió.
La joven que estaba a su lado se acercó y tomó delicadamente la fotografía.
—Soy yo —dijo.
La miré.
Parecía tener unos treinta años. Tenía el pelo castaño, los ojos de color marrón claro y una expresión que me resultaba extrañamente familiar.
—¿Quién eres?
La mujer respondió con una voz apenas audible.
—Me llamo Lily. Y creo que somos hermanas.
Me agarré instintivamente al marco de la puerta.
—Eso es imposible. Yo nunca he tenido una hermana.