Entonces vi una carpeta azul sobre una silla.
La abrí.
Había fotografías de la casa.
Un avalúo actualizado.
Datos de un notario.
Una propuesta de donación de propiedad.
Y una cita programada para las 10:30 de la mañana siguiente.
Elena apareció detrás de nosotros.
Tomó una hoja.
“¿Qué es esto?”
No respondí.
Porque acababa de llegar a la última página.
Allí estaban nuestros nombres completos, nuestros datos personales y espacios preparados para nuestras firmas.
Pero había algo todavía peor.
En una nota escrita a mano podía leerse:
“Convencer primero a la señora. El padre será más difícil.”