Los pequeños jugaban ajenos al drama que comenzaba a gestarse detrás de las puertas cerradas de la casa. Las risas infantiles contrastaban agudamente con el peso del silencio que dejó la partida repentina.
Cuando la verdad comenzó a filtrarse en el ambiente, la confusión y la incredulidad se apoderaron de las miradas inocentes que buscaban respuestas que ningún adulto podía formular en ese momento.
La dura realidad del padre soltero