La que “no necesitaba trabajar”.
La que podía organizar su vida
alrededor de mi carrera.
Si yo dejaba de ser el proveedor invulnerable, el sacrificio que ella había hecho dejaba de parecer una elección cómoda.
De pronto parecía una apuesta enorme.
Laura había renunciado a demasiado de sí misma a cambio de una garantía que nunca había existido.
Y cuando lo comprendió, hizo algo terrible.
Huyó.
No lo justificaba.
Pero finalmente sabía de qué estaba huyendo.
Yo también entendí mi parte.
Proveer y ser compañero no son la misma cosa.
Pueden coexistir.
Pero uno no sustituye al otro.
VOLVIMOS A SALIR
Laura permaneció casi tres meses con Natalia.
Después rentó un pequeño departamento amueblado.
Eso me dio miedo.
También me impresionó.
Firmó el contrato.
Comparó servicios.
Contrató seguro.
Programó pagos.
Cosas absolutamente normales que durante años habíamos convertido en “cosas de Daniel”.