MI ESPOSA ME DEJÓ SOLO CON NUESTRAS SEIS HIJAS PARA IRSE CON UN HOMBRE RICO. QUINCE AÑOS DESPUÉS APARECIÓ EN LA BODA DE NUESTRA HIJA MAYOR VESTIDA COMO SI NUNCA HUBIERA PASADO NADA. ENTONCES MI HIJA PIDIÓ QUE TRAJERAN UNA CAJA ENORME FRENTE A MÁS DE CIEN INVITADOS. CUANDO SU MADRE VIO LO QUE HABÍA DENTRO, DEJÓ DE SONREÍR.

Adriana ya sabía.

Yo todavía no.

—Octavio te dejó hace tres años, ¿verdad?

Verónica la miró.

—Eso no tiene nada que ver.

—Sí tiene.

Adriana hablaba tranquila.

—Lo investigué.

—Él se divorció de ti.

—Tú ya no tienes la vida que dijiste que merecías.

Mi hija dejó el documento sobre la mesa.

—Y entonces viste el anuncio de mi boda.

—Viste que mi futuro esposo tiene una buena familia y una buena situación económica.

—Y pensaste que seis hijas adultas quizá podían convertirse en un lugar cómodo donde caer.

Verónica negó.

—Eso es horrible.

—¿Lo es?

—No regresaste cuando teníamos ocho, siete, seis o cinco años.

—Regresaste cuando todas crecimos.

—Cuando ya no había que criarnos.

—Cuando ya no había que pagar escuela, doctores o uniformes.

Pausa.

—No volviste a buscar una familia.

—Volviste buscando seguridad.

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