—Mi graduación.
—Tú no estabas.
—Papá lloró más que yo.
Después aparecieron más cosas.
Boletas.
Diplomas.
Fotografías.
Una pulsera del hospital de cuando Sofía se fracturó un brazo.
Un dibujo de Julia.
Entradas de festivales.
Fotografías de cumpleaños.
Quince años convertidos en objetos.
Una vida completa.
Conmigo en casi todas las fotos.
Y un espacio vacío donde su madre debería haber estado.
Adriana miró a Verónica.