Tal vez fue cuando firmamos el contrato prenupcial y mi abogado dejó claro que mis empresas, mis diseños, mis propiedades y mis fideicomisos quedaban fuera de su alcance.
Adrian sonrió aquel día y dijo:
—No necesito nada tuyo, Isabella. Me ofende que pienses lo contrario.
Qué frase tan bonita para un hombre que tres años después me encerraría en una mansión comprada con mi dinero.
El auto avanzaba entre semáforos. En el asiento del pasajero, la carpeta de Harris parecía respirar.
Divorcio.
Derechos de autor.
Bigamia.
Fraude fiscal.
Embargo preventivo.
Cada palabra era una puerta cerrándose sobre Adrian.
Mi celular volvió a sonar.
Esta vez era mi asistente, Elena.
—Señora, tenemos más información sobre la boda.
—Habla.
—Clara no solo exhibió sus bocetos. También presentó una línea de vestidos bajo el nombre “M-M Bridal”. Dijo que el vestido que llevaba era la pieza inaugural.
Apreté el volante.
—¿Usó mi diseño como lanzamiento comercial?
—Sí.
—¿Hay material grabado?
—Todo. La ceremonia fue transmitida a invitados internacionales y algunos medios de moda locales. Tenemos capturas, video completo y publicaciones de Clara diciendo que “cada puntada salió de su corazón”.
Sentí una risa amarga subirme por la garganta.
Cada puntada.
Clara Hayes no sabría construir un corsé interno aunque su vida dependiera de ello. Su familia tenía un taller, sí, pero uno de producción barata, atrasado en impuestos y acostumbrado a copiar patrones de internet.
La primera vez que la vi, estaba en una feria de proveedores, sonriendo demasiado cerca de Adrian mientras fingía pedir orientación profesional.
—Ella tiene talento —me dijo él después—. Solo necesita una oportunidad.
Yo le di tres.
Tres contratos.
Tres conexiones.
Tres puertas abiertas con mi nombre.
A cambio, ella entró en mi casa, en mi matrimonio y finalmente en mi vestido.
—Preparen demanda por infracción de derechos de autor, competencia desleal y uso comercial no autorizado —dije—. Incluyan daños reputacionales y lucro cesante. Quiero medidas cautelares para impedir que venda una sola pieza basada en mis bocetos.
—Ya lo estamos preparando.
—¿Dónde está Adrian?
—Según el rastreo de su vehículo, en el hotel Grand Meridian. Clara está con él. También llegaron dos abogados.
—Qué rápido encontró defensa.
—Señora, hay algo más.
El tono de Elena cambió.