Leí esa impresión en una oficina gris del Ministerio Público.
No lloré.
Pregunté:
—¿Qué papeles?
La fiscal deslizó otra hoja hacia mí.
Mauricio había preparado, con ayuda de un gestor, un poder amplio para actos de administración sobre varios bienes y una solicitud de modificación de nuestro régimen patrimonial. No estaba firmado por mí. Según su declaración inicial, eran “borradores preventivos”.
También habían encontrado mensajes entre él y su madre donde hablaban de presionarme durante una supuesta hospitalización.
Beatriz escribió:
“Con miedo va a firmar lo que le pongas.”
Mauricio respondió:
“Primero que salga del peligro. Luego le decimos que necesitamos proteger el patrimonio por si vuelve a pasar.”
Me quedé mirando esa frase.
Proteger el patrimonio.
Durante cuatro años ese hombre había dormido a mi lado. Sabía que no soportaba dormir con la puerta del clóset abierta. Sabía que siempre quitaba el cilantro de la sopa. Sabía qué novela me hacía llorar aunque la hubiera leído cinco veces.