—No te dejo más porque quiera menos a Diego —me dijo—. Te dejo más porque tú sabes cuidar.
Yo le respondí que no quería hablar de dinero.
Él sonrió.
—Por eso mismo.
Durante meses pensé que se refería a cuidar propiedades.
Después comprendí que hablaba de otra cosa.
Cuidar también es saber qué no entregar.
Qué no negociar.
A quién no permitirle convertir tu cariño en una firma.
Diego nunca discutió el testamento. Cuando papá habló con él, respondió:
—Está bien, pa.
Nada más.
En cambio, Mauricio había visto la copia sobre mi escritorio y su primera reacción fue demasiado tranquila.
—Mira nada más. Tu papá sí te dejó bien protegida.
Ahora esa frase sonaba distinta.
Mi suegra también había cambiado después del funeral.
“Ahora nosotros somos tu familia”, repetía.
Yo lo había tomado como afecto.