—¿Qué haces aquí? —pregunté.
Linda se secó rápidamente las lágrimas.
—Lo siento, Susan. Simplemente estaba recordando a alguien.
Pero lo más aterrador ocurrió tres días después.
Eran las dos de la madrugada.
Escuché la voz de mi hijo procedente de la cocina.
—Linda, no podemos seguir retrasándolo. Si mi madre descubre por qué viniste realmente aquí, nunca nos perdonará.
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Continuación
Entonces Linda respondió:
—Lo sé, Jake. Pero no me iré hasta que descubramos el secreto de esta casa.
En aquel instante comprendí que aquella mujer nunca había sido una novia cualquiera.
Pero lo que descubrí a la mañana siguiente fue mucho más impactante de lo que jamás habría imaginado.
No dormí en toda la noche.
No dejaba de preguntarme qué secreto podía unir a mi hijo de 22 años con una desconocida de 62.