Todo empezó en
un pequeño parque cerca de nuestra casa.
Caleb había ido allí una tarde para despejarse después de clase. Vio a una chica sentada sola en un banco, mirando a unos niños jugar.
Al principio no le prestó atención.
Pero unos minutos después, la joven se levantó y tuvo que apoyarse rápidamente en el banco.
Caleb corrió hacia ella.
—¿Estás bien?
Lucía intentó sonreír.
—Sí. Solo necesito sentarme.
Caleb quiso llamar a una ambulancia, pero ella se negó.
Fue entonces cuando Lucía le confesó que tenía una enfermedad cardíaca grave.
Necesitaba un trasplante.
Nadie sabía cuánto tiempo tendría que esperar.
Caleb se quedó con ella hasta que Elena llegó para recogerla.
Después de aquel día comenzaron a hablar.
Primero fueron mensajes ocasionales.
Después, conversaciones todos los días.