Después dijo algo que nunca olvidaré.
—No empezaste a perderme el día que me llevaste contigo. Empezaste a perderme el día que descubriste la verdad y decidiste seguir callando.
Después de aquella frase ya no me quedaba nada que decir.
Esperaba que saliera de la casa.
Que dijera que yo no era su madre.
Que se marchara con Serena y nunca mirara atrás.
Pero Noah tomó el ramo de flores que había llevado, lo dejó sobre la mesa y dijo que no iba a ir al baile.
Dijo que habría muchas otras noches.
Pero que por primera vez en su vida iba a sentarse con las dos mujeres que eran sus madres y escuchar toda la verdad.
Sin secretos.
Sin medias verdades.
Sin nuevas mentiras.
Aquella noche no sonó música en nuestra casa.
No se hicieron fotos en las escaleras.
Nadie fue al baile.