Pero el golpe había abierto otra puerta.
Recordaba mi apellido.
Salgado.
Recordaba a mi padre, Ernesto Salgado.
Recordaba una casa en Coyoacán, mi universidad, mi madre fallecida y la empresa familiar.
—Sofía… ¿eres tú?
Cerré los ojos.
—Estoy viva. Recuperé la vista y estoy empezando a recordarlo todo.
—Te hemos buscado durante siete años.
Miré nuevamente la fotografía de Mauricio, Valeria y Mateo.
Parecían una familia perfecta.
Y de pronto comprendí que quizá siempre lo habían sido.
—Papá, necesito que no vengas todavía.
—Dime qué hago.
Mi voz salió más tranquila de lo que me sentía.
—Investiga a Mauricio Alcázar. Sus empresas, mis cuentas, mi accidente… todo.
Hice una pausa.