«Mi jefe me dijo: “Si esta noche te tomas una foto conmigo, mañana te triplicaré el sueldo”. Acepté. Pero a la mañana siguiente, cuando llegué al trabajo, vi mi fotografía en la puerta de la oficina. Con lágrimas en los ojos, irrumpí en el despacho de mi jefe…»

Richard negó con la cabeza.

—No. También descubrí quién se llevó realmente aquel dinero.

Lo miré sin poder creerlo.

—¿Cómo sabe todo eso?

—Ayer me reuní con tu antiguo empleador. Ahora quiere firmar un contrato con nuestra empresa.

Richard tomó un sobre de su escritorio.

—Admitió que hace años te acusó falsamente para encubrir lo que había hecho su hermano.

Me quedé inmóvil.

—Entonces, ¿por qué no me lo dijo?

—Porque después decidí revisar también tu historial laboral.

Abrió nuevamente la carpeta.

—Durante seis meses te has quedado trabajando hasta tarde, has ayudado a tus compañeros y nunca has pedido un trato especial. Ni siquiera los días en que tu madre estaba hospitalizada.

Yo lloraba en silencio.

—Pero eso todavía no explica lo de la fotografía…

Richard pasó a la siguiente página del documento.

Y solo entonces descubrí toda la verdad.

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