Mi padre me echó de mi propia villa y se la entregó a mi hermana… pero olvidó un detalle: la casa nunca fue suya

Por primera vez, no sentí rabia hacia ella.

Sentí tristeza.

—Sal de la casa —le dije—. Después hablaremos.

—Lo haré.

Antes de colgar añadió:

—Pero papá dice que no piensa marcharse.

Aquello no me sorprendió.

Dos horas después, Michael tenía preparada la siguiente fase.

Todo debía hacerse formalmente y conforme al procedimiento aplicable. Nada de enfrentamientos personales.

Mi padre recibiría la documentación correspondiente.

Y tendría la oportunidad de responder.

Pero aquella noche ocurrió algo que cambió nuevamente la situación.

Susan me llamó.

Nunca lo hacía sin mi padre presente.

—Elena, necesito hablar contigo.

Su voz temblaba.

—Te

escucho.

—Robert me ha mentido.

—Eso ya lo sé.

—No. No entiendes.

Se produjo un silencio.

—Yo pensaba que el documento de la villa era auténtico.

Me senté.

—Continúa.

—Robert me dijo que tú habías firmado un acuerdo después de comprarla.

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