Dejé la copa.
—No necesito que me devuelvas el coche.
—Entonces déjame hacer otra cosa.
—¿Qué?
—Aprender a cuidar de mi propia familia sin esperar que tú vengas a solucionarlo.
Aquello significaba mucho
más que cualquier cheque.
Me acerqué y la abracé.
No solucionaba años de resentimiento.
No borraba lo ocurrido.
Pero era un comienzo.
Aquella noche nos sentamos juntas frente a las enormes ventanas de la villa.
Por primera vez desde que había comenzado todo, la casa estaba realmente tranquila.
Entonces sonó mi teléfono.
Era Michael.
—Tengo el resultado de la revisión inicial de los documentos de la caja 317.
Me incorporé.
—¿Qué habéis encontrado?
Hubo una pausa.
—Más de lo que esperábamos.
—¿Cuánto?
—Elena, tenemos que reunirnos.
Miré a Olivia.
—¿Por qué?
Michael respondió lentamente:
—Porque parte del dinero que vuestra madre reservó para vosotras no desapareció.
Sentí que el corazón se me aceleraba.