Empezó a escuchar.
Mi madre tardó mucho más.
Nunca llegó una disculpa limpia. Siempre aparecía acompañada de un “pero tu papá…” o un “todos estábamos pasando por mucho…”.
Aprendí que perdonar, cuando uno decide hacerlo, no significa devolverle a alguien las mismas llaves con las que te encerró.
La Posada Miramar sobrevivió.
Dos años después, parte del edificio funcionaba como alojamiento para investigadores, estudiantes y grupos de educación ambiental.
Conservamos habitaciones para