Mi padre me impidió entrar al funeral de mi abuela y amenazó con dejarme sin universidad si desobedecía. “Tu futuro depende de mí”, me recordó antes de marcharse con mi madre. Yo sólo dije: “Está bien” y esperé hasta la mañana siguiente… porque unas horas antes de morir, mi abuela había firmado un documento que convertía la amenaza de mi padre en su peor problema.

Empezó a escuchar.

Mi madre tardó mucho más.

Nunca llegó una disculpa limpia. Siempre aparecía acompañada de un “pero tu papá…” o un “todos estábamos pasando por mucho…”.

Aprendí que perdonar, cuando uno decide hacerlo, no significa devolverle a alguien las mismas llaves con las que te encerró.

La Posada Miramar sobrevivió.

Dos años después, parte del edificio funcionaba como alojamiento para investigadores, estudiantes y grupos de educación ambiental.

Conservamos habitaciones para

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